Concluyó una etapa más de la emotiva
serie Iniciativa
México. Los humanitarios productores de la
televisora más poderosa del país intentan hacer que
afloren los mejores sentimientos de la población
mexicana, que condolida de los paisanos que sufren
carencias, participa firme, entusiasta y
ciudadanamente con sus llamadas telefónicas y su
innata capacidad evaluadora para votar por el
proyecto más benefactor.
De manera marginal, pues todo es
altruismo al por mayor y sin afán de lucro alguno,
se cubre un considerable tiempo de producción con
divertidos y lacrimógenos reality shows que ponen a
prueba el corazón compasivo de los connacionales. La
final que se transmitió recientemente se vistió de
gala al contar con la presencia del mismísimo
Presidente y su esposa, quienes atestiguaron la
premiación de los proyectos que llevarán vivienda a
familias de bajos recursos, convertirán en energía
el excremento de animales de granja, apoyarán la
nutrición entre algunos niños que producirán energía
luminosa.
Sesenta y un millones de pesos
repartidos entre los ganadores, muchos aplausos,
reflectores, entrevistas en los noticiarios de la
misma empresa, solidaridad de varios medios de
comunicación, el verdadero rostro del país, dijo el
máximo líder país, creativo, constructivo y
generoso.
El gobierno federal contribuyo a
estimular la generosidad de la producción con 120
millones 200 mil pesos, dos pesos por cada uno que
consiguió la empresa. Con aportaciones de este tipo
supongo que es más o menos fácil ser constructivo y
generoso. Ya que no hay reparos en destinar recursos
públicos a la inventiva y a favorecer a población
necesitada, no pude dejar de preguntarme qué pasaría
si los autores de las iniciativas se apersonan en el
Infonavit y en el Fovissste y presentan un proyecto
para construir viviendas de bajo costo. ¿Les darían
un peso para apoyarlos? ¿Leerían siquiera la
petición los ocupadísimos y enjuntados
funcionarios? El gobierno federal, tan generoso en
iniciativas con espectáculo mediático, ¿escucharía a
esos ciudadanos preocupados por hacer alguna mejora
o por poner sus conocimientos al servicio de la
solución de un problema?
¿O si fueran a la Semarnat? ¿A la
Secretaría de Salud? ¿A la de Educación? Temo que
los servidores públicos más bondadosos sólo reirían
a carcajada batiente una hora, los que se ubican en
la categoría standard
jamás tendrían siquiera frente a sus ojos semejante
propuesta, y no porque los proyectos sean o no
viables, sino simplemente porque no se presentan a
nivel nacional frente a las cámaras de televisión.
Para no ir lejos, aquí en Veracruz
hay un entusiasta grupo de promotores de lectura que
hace conferencias, lecturas, recitales, obras,
consigue libros, busca espacios en las ferias del
libro y mantiene vivo el proyecto de invitar a leer
a otros con un grupo en internet. ¿Cuánto recibe?
Cero pesos y cero centavos bien contados.
Una querida amiga, aguerrida
arquitecta, con un doctorado, desarrolló una
innovadora propuesta para construir escuelas que
reduzcan el calor que es agobiante en muchas zonas
de Veracruz, lugares donde la mayoría de las veces
no cuentan siquiera con un ventilador. ¿A quién le
dan ganas de ir a encerrarse a florecer en un lugar
más caluroso que un invernadero? Todavía más, ¿quién
tiene deseos de aprender o de enseñar si tiene que
lidiar con temperaturas que rebasan los 38 grados?
El proyecto le sirvió para doctorarse y nada más,
pues en las oficinas de la SEP les resultaba molesto
darle información pues suponían, primero, que los
reglamentos de construcción son propiedad del jefe
en turno y segundo, que si alguien pedía datos tan
específicos era para criticar. El proyecto, que es
innovador y sumamente útil porque haría más grata la
estancia de los niños en la escuela o aseguraría su
permanencia en ella, simplemente fue ignorado. La
razón: existe un reglamento de construcción
standard absolutamente inamovible; primero se
seca el mar que lograr hacer un cambio tan sensato
como el que supone ese proyecto. ¿Millones de pesos?
No recibió ni la lectura de la propuesta.
Ojalá que en la siguiente
convocatoria a alguien se le ocurra proponer el
desarrollo de oficinas y sanitarios que se limpian y
desinfectan a sí mismos, también que produzcan agua
potable por generación espontánea, pues en la
oficina pública donde trabajo, desde hace meses no
hay agua para beber, cada quien lleva sus
implementos sanitarios y nos acaban de anunciar que
no habrá servicio de limpieza, porque no hay
recursos para pagarlo. Si nadie ha inventado la
autosubsistencia de las oficinas, hay que llamar al
Dr. Chunga, el creativo personaje de Andrés
Bustamante. Es casi seguro que él ya tiene un
invento para el caso, sólo falta que lo presente a
Iniciativa México. Los burócratas beneficiados y
agradecidos serán muchos y el ahorro al erario podrá
destinarse a seguir apoyando al
reality show de la
asistencia social.