Fijan posiciones sobre el dictamen de la Reforma Electoral
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eformulación a fondo del modelo de comunicación política en México: Arturo Núñez

México, D.F., Miércoles 12 de septiembre, 2007.- La Intervención del Senador Arturo Núñez Jiménez, al fijar posición sobre el dictamen de la reforma constitucional en materia electoral a nombre del Grupo Parlamentario del PRD en el Senado de la Republica.

-Me honra hablar en esta sesión para fijar posición del Grupo Parlamentario del Partido de la Revolución Democrática en lo general ante el Dictamen que reforma la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en materia electoral.

La elección federal del 6 de julio del 2006 puso a prueba en una situación inédita y límite al sistema electoral de México. Se condensaron en esa fecha las deficiencias e insuficiencias que ya venía reportando la normatividad vigente desde 1996 ante la dinámica del cambio en el proceso de democratización.

Los primeros comicios presidenciales después de la alternancia plantearon retos inéditos, lo que complicó una enorme competitividad reflejada en los resultados estrechos de la votación entre los principales contendientes. Se advirtió entonces con claridad que las instituciones reportaron déficit en su diseño y en el desempeño de los responsables de su conducción. Muchos procedimientos fueron rebasados por la realidad.  

Nuevos problemas que se fueron acumulando sin encontrar soluciones –precampañas no reguladas, injerencia presidencial indebida, manipulación gubernamental de la pobreza y la marginación mediante la compra del voto, ‘spotización’ de la comunicación política, propaganda negativa, predominio del dinero y de poderes fácticos a la captura del Estado en la génesis de los poderes públicos sustentados en la elección- llevaron al país a una severa crisis de legitimidad que ha implicado graves retrocesos y que ha dividido políticamente a los mexicanos acentuando la polarización que deriva de la brutal desigualdad social.  

La controvertida elección y el conflicto que le sucedió, requerían siguen requiriendo- que la política se haga cargo de su función y los políticos de las responsabilidades de nuestra profesión, para acreditar la capacidad de resolver conflictos mediante la construcción de acuerdos, que proyecten a México hacia adelante y no lo paralicen en el encono y el agravio que se consumen en el pasado.

A los retos propios de lo electoral, se adicionaban los vinculados con la falta de mecanismos idóneos para el diálogo y la negociación entre los actores políticos, una vez que se agotaron el presidencialismo hegemónico y sus prácticas para conducir el proceso de cambio político y legal.

En el reacomodo del poder que ha vivido el país, a partir de la alternancia presidencial y la falta de mayorías absolutas legislativas, este Poder Legislativo ha sabido lograr con creatividad heterodoxa, concretada en la Ley para la Reforma del Estado, su reivindicación como la instancia por excelencia para el procesamiento fructífero de la pluralidad política.

Por vez primera en la historia reciente de las reformas electorales mexicanas, los acuerdos, la iniciativa de reforma constitucional y el dictamen consecuente, en forma integral han sido generados en el ámbito del Congreso de la Unión, en un esfuerzo pionero que puede resultar promisorio para que el Poder Legislativo en su conjunto esté a la altura de las exigencias nacionales de esta hora.  

La reforma para mejorar las reglas de la competencia por el poder público no agotan las transformaciones que necesita México, pero sí constituyen condición necesaria para avanzar en esa dirección. Sin el respeto entre los adversarios, pero sobre todo sin el respeto al voto ciudadano, no habrá convivencia armónica posible ni viabilidad alguna para la gobernabilidad democrática.

La reforma electoral sobre la cual hoy deliberamos en el nivel constitucional, se centra en el cumplimiento de cinco objetivos fundamentales:  

Como ya se ha mencionado, el primer y gran objetivo de la reforma consiste en una reformulación a fondo del modelo de comunicación política en México; que comprende entre sus aspectos más relevantes los siguientes:

- El derecho de réplica para todos los mexicanos y en todo tiempo;

- La prohibición en todo tiempo a los partidos políticos para contratar propaganda en radio y televisión; no realizar campañas negativas; y acceder en forma gratuita a esos medios electrónicos de comunicación social a través de los tiempos que corresponden al Estado; 

- La prohibición a las autoridades gubernamentales de los tres órdenes de gobierno para realizar propaganda, bajo cualquier modalidad de comunicación social, durante las campañas electorales, salvo las excepciones de ley; y el impedimento en todo tiempo para que dicha propaganda sea utilizada para la promoción personalizada de cualquier servidor público;

- La prohibición para contratar propaganda pagada, que influya en las preferencias electorales, a favor o en contra de partido político o candidato;

- Y, el establecimiento de un procedimiento administrativo expedito con garantías procesales y un régimen de sanciones aplicables, a cargo del IFE, para inhibir violaciones a las reglas de comunicación política.  

El nuevo modelo de comunicación política parte del reconocimiento a las aportaciones que concesionarios, permisionarios comunicadores y trabajadores de los medios de comunicación social, han hecho a la construcción democrática de los mexicanos.

Dicho modelo parte también del reconocimiento de prácticas indebidas y excesos que se han venido dando en la relación entre política –particularmente durante las campañas electorales- y medios informativos Es obligación de todos, autoridades, partidos y los propios medios de comunicación, hacer autocrítica y asumir la parte de responsabilidad de cada uno, para contribuir a una democracia de mayor y mejor calidad en México.

En modo alguno, como se ha reiterado, se trata de conculcar la libertad de expresión, sino de evitar campañas negativas que dañan y degradan la convivencia colectiva. Los mexicanos quieren que los políticos y los comunicadores proyecten lo mejor de sí en la vida pública.

Segundo, el fortalecimiento del Instituto Federal Electoral, que se concreta, entre otras medidas, mediante la ampliación de sus facultades orientadas a fiscalizar a fondo las finanzas partidistas sin las restricciones inherentes a los secretos bancario, fiduciario y fiscal; la administración de los tiempos gratuitos en radio y televisión para los partidos políticos en comicios federales y locales; la imposición de sanciones administrativas a las injerencias indebidas en los procesos electorales por parte de autoridades gubernamentales, medios de comunicación social y particulares; y la facultad de organizar integralmente elecciones locales cuando así se lo requieran las autoridades competentes de las entidades federativas.

Esta reforma abre brecha para el control y fiscalización de los recursos públicos a disposición de los órganos constitucionales autónomos. Serán instituciones públicas de educación superior las que propongan al titular de la Contraloría General del IFE, cuyo nombramiento será hecho por el órgano de la representación nacional que tiene atribuida constitucionalmente la revisión de las cuentas públicas. Es falso que se limite la autonomía del Instituto; de lo que se trata es de que los sujetos controlados no designen, como lo decía el Senador Creel, a quien los deba controlar.  

El escalonamiento en la elección de los integrantes del Consejo General aportará al IFE las ventajas de combinar renovación y experiencia en cada relevo institucional. Se iniciará la renovación a la entrada en vigor del Decreto que nos ocupa, como se hizo en dos ocasiones anteriores, en 1994 y 1996. En el pasado hubo consejeros magistrados y consejeros ciudadanos que con dignidad antepusieron la renuncia a sus respectivos cargos para contribuir al avance democrático de México y nunca confundieron su permanencia personal con la autonomía del IFE y mucho menos se dejaron usar por defensores interesados de última hora.  

En tercer término, se amplía el sistema de justicia a cargo del Tribunal Electoral, dando permanencia a las salas regionales y a la Sala Superior capacidad de atracción y de delegación de asuntos; restituyendo su facultad de dictar la no aplicación de normas que violen la Constitución General de la República; y otorgándole base constitucional a lo que hoy es solamente jurisprudencia, para que los militantes de los partidos políticos puedan reivindicar sus derechos siempre que hayan agotados las instancias internas previstas estatutariamente para la solución de conflictos.

 

El cuarto objetivo consiste en la consolidación del sistema de partidos políticos.

Conforme a la reforma del artículo sexto constitucional, recientemente publicado, los partidos son ya sujetos obligados para la transparencia y el acceso a la información, a través de la rendición de cuentas y los informes de toda índole que deben presentar ante el IFE.

Mayor fiscalización a las finanzas partidistas; base constitucional a la defensa de los derechos de los militantes; determinación sobre el destino de los bienes de los partidos que pierdan su registro; regulación precisa de precampañas y campañas; y transparencia informativa, junto con otras prescripciones, hacen de los partidos sujetos claros de obligaciones, que impide la ”partidocracia’”, en la que sólo se tienen derechos .

La reducción del financiamiento público a los partidos constituye el quinto objetivo de la reforma electoral. En respuesta a una demanda sentida de la comunidad nacional, se han ajustado a la baja los montos de los recursos públicos a asignar para actividades ordinarias y electorales.

El tema se abordó responsablemente, sin dejar indefensos a los partidos ante el poder del dinero privado, lícito e ilícito, pero considerando integralmente la solución mediante el replanteamiento de la fórmula para el cálculo de los recursos a distribuir; la disminución significativa de la duración de las campañas electorales; la rendición de informes durante el desarrollo de las propias campañas y no sólo después de ellas; el establecimiento del rebase de los topes de gastos de campaña, como causa de nulidad de la elección; y la supresión del gasto en medios electrónicos de comunicación social, que es el elemento disparador del costo de las elecciones.

Con los anteriores contenidos la reforma que hoy votaremos significa, sin duda, un avance fundamental para competir democráticamente por el poder público en México. Cambios tan trascendentes como los propuestos por el dictamen, hoy no serían posibles sin las aportaciones del movimiento popular y su liderazgo; tampoco se hubiesen logrado sin la voluntad política de quienes debemos construir necesariamente la mayoría calificada de las dos terceras partes de los votos en el Senado, en la Cámara de Diputados Federales y la mayoría, en la mayoría de los Congresos Locales para modificar el texto de la Carta Magna.  

No se debe descalificar una reforma de gran calado por diferencias específicas, cuando el propio procedimiento legislativo prevé votaciones en lo general y en lo particular. Es por ello que el Grupo Parlamentario del Partido de la Revolución Democrática en este Senado votará a favor del Dictamen, invitando a todos los demás Senadores también a hacerlo en sentido afirmativo.   

Va por México-.

Discurso del Senador Manlio Fabio Beltrones. Debate sobre la Reforma Electoral en el Senado de la República.

DICTAMEN FINAL REFORMA ELECTORAL 11 de septiembre de 2007

LA PRIMERA COMISIÓN EMITIÓ 123 DICTÁMENES DURANTE SUS SESIONES DE TRABAJO. .

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PIDEN ASOCIACIONES FILANTRÓPICAS A LEGISLADORES PRIíSTAS FRENAR GRAVAMEN DEL CETU A DONATIVOS
Presentan Modelo de Unificación Policíaca ante el incremento de Delitos

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