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Volví a enamorarme de México Excalibur Por José Manuel Toscana Viernes 12 de Enero del 2007 Algo tiene de magia encantadora y sus efectos conmovedores siempre funcionan, cuando la Bandera Nacional ondea suavemente por encima de las pasiones que nos tienen confrontados. En el Campo Marte, durante la ceremonia de corte militar en la cual recibió el mando de los ejércitos mexicanos Calderón Hinojosa, fue izada esta Bandera, la única que tenemos, la nuestra y a todos nos acarició sin distinciones; tremoló elegante, gallarda, viva, con su enorme simbolismo que debe inspirarnos, alentarnos, cuando es menester, para seguir adelante, anteponiendo a todo y frente a todo nada más a México. &&& Volví a enamorarme de México. &&& Desde que llegué por este lado de las estrellas, he vivido bajo el poder de trece presidentes mexicanos, sin que ninguno destaque por sus cualidades como real persona, esas que levantan a los mortales por encima de la mediocridad y el cotidiano desgaste. Optimista sin remedio, me mantiene activo la visión aguda de los acontecimientos, sin esperar nada para no desilusionarme con promesas y deseos -que tan fácilmente confundimos- atenido solamente a la realidad, tan dura como venga. Ahora comienza un nuevo año y estrenamos gobierno que arriba con problemas añejos esperando soluciones casi milagrosas, pues deshacer el fatídico nudo gordiano que nos apergolla sin tregua, requiere de algo más que buenas intenciones. &&& Conmovido por los recientes acontecimientos nacionales, desde La Floresta reventada, Wences Angulo, advierte: -Sin lucha; no hay progreso- &&&
Parece orquídea, pero no. Huele a gardenia, pero tampoco. Sus grandes pétalos, alas blancas, tiemblan queriendo volar, irse del tallo; y ha de ser por eso que en Cuba la llaman mariposa. Alejandra Riccio plantó, en tierra de Nápoles, un bulbo de mariposa, traído desde La Habana. En tierra extraña, la mariposa dio hojas, pero no floreció. Y pasaron los meses y los años y seguía sin dar nada más que hojas cuando unos cubanos amigos de Alejandra, llegaron a Nápoles y se quedaron en su casa durante una semana. Entonces en los alrededores de la planta sonaron y resonaron las voces de su tierra, el antillano modo de decir cantando; la planta escuchó esa música de las palabras durante siete días y siete noches, porque los cubanos hablan despiertos y dormidos también. Cuando Alejandra dijo adiós a sus amigos y regresó del aeropuerto, encontró en su casa una flor blanca recién nacida. &&& En 1531, esa luz ¿sube de la tierra o baja del cielo? ¿Es luciérnaga o lucero? La luz no quiere irse del cerro del Tepeyac y en plena noche persiste y fulgura en las piedras y se enreda en las ramas. Alucinado, iluminado, la vio Juan Diego, indio desnudo: la luz de luces se abrió para él, se rompió en jirones dorados y rojizos y en el centro del resplandor apareció la más lúcida y luminosa de las mujeres mexicanas. Estaba vestida de luz la que en lengua Náhuatl le dijo: Yo soy la madre de Dios El obispo Zumárraga escucha y desconfía. El obispo es el protector oficial de los indios, designado por el emperador, y también el guardián del hierro que marca en la cara de los indios el nombre de sus dueños. Él arrojó a la hoguera los códices aztecas, papeles pintados por la mano del Demonio, y aniquiló quinientos templos y veinte mil ídolos. Bien sabe el obispo Zumárraga que en lo alto del cerro del Tepeyac tenía su santuario la diosa de la tierra, Tonantzin, y que allí marchaban los indios en peregrinación a rendir culto a nuestra madre, como llamaban a esa mujer vestida de serpientes y corazones y manos. El obispo desconfía y decide que el indio Juan Diego ha visto a la Virgen de Guadalupe. La Virgen nacida en Extremadura, morena por los soles de España, se ha venido al valle de los aztecas para ser la madre de los vencidos. &&& Excalibur es un espacio para la imaginación, pertenece a las antiguas y maravillosas fábulas británicas cuando los que, con el tiempo se llamarían ingleses, se integraban como la nación que llegaron a ser. Tomaron rasgos de otras leyendas fundacionales, aportaron sus propias ilusiones y deseos de vivir como sociedad, dando vida a la saga del Rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda con sus prodigiosas aventuras, amores luminosos, heroísmo inmaculado y lealtad a toda prueba para respaldar a su Rey, su dama, su familia y su territorio. A esa ensoñación la llamaron Excalibur, nombre idealizado desde hace mil años y bajo su conjuro se han creado infinidad de misterios, intrigas, conspiraciones. Con toda proporción guardada, en las páginas de Hidalguía, desde algunos años comencé escribiendo con esa ilusión de recrear un espacio donde todo fuera como en los tiempos idos, cuando la bruja Morgana, toda ella plena de belleza, encantamientos y poder, hacía estragos entre los súbditos del justiciero y bondadoso Arturo. Mediante esta página, generosamente abierta por la Directiva de Hidalguía, he conocido un mundo increíble de satisfacciones, uno que otro conflicto, algunos reclamos, también felicitaciones, habiendo llegando mucho más lejos de lo que pude imaginar desde aquellos primeros párrafos. Ha llegado el tiempo de hacer espacio a otras ideas mejores y más claros pensamientos, conocer diferentes puntos de vista para reforzar todos los frentes en los nuevos tiempos que llegan para Hidalguía y esta región tan querida, en la misma medida que la destrozamos inmisericordes. Debo atender asuntos que, por mucho que sea el tiempo que me reste, será muy poco, para dilucidar el tránsito a los que me siguen dejándolo sin malezas ni pendientes, por eso es momento de arriar las velas, soltar lastres, levantar anclas para que el bajel de mi vida llegue a buen puerto en pos del ideal de Excalibur. Nos encontraremos -como siempre- en todos los puntos donde el interés sea por la superación de nuestras carencias. El distanciarme de estas entrañables páginas me sirvió para recuperar la claridad de pensamiento, ponderar los dones amainando los rencores que me lastran. Va mi gratitud â“toda- para los asiduos lectores, los colegas solidarios en los tiempos crudos, los siempre generosos amigos que no ven más que al amigo tolerándole impertinencias y desmesuras. Va mi indeclinable disposición a las indicaciones de la Dirección de Hidalguía, y el profundo reconocimiento por su paciencia ante las insolencias que me son tan propias. &&& -Si procuro ser breve, resulto oscuro; al que trata temas ligeros le falta vigor y movimiento; el que promete grandes cosas, cae en un estilo hinchado; se arrastra por el suelo el que, demasiado prudente, es temeroso de la tempestad y el que desea vaciar pródigamente un solo tema, valiéndose de recuerdos maravillosos, pinta un delfín en los bosques o es un jabalí en el mar. Huyendo de un defecto, se incurre en otro, cuando falta arte -elijan un asunto proporcionado a sus fuerzas y reflexionen sobre lo que pueden o no pueden soportar sobre sus hombros- el mérito y el encanto de una exposición estará en decidir en el instante adecuado lo que debe decirse y en retardar u omitir lo restante. Si acaso es necesario designar con nuevas expresiones lo escondido de las cosas, necesitarás formar palabras no oídas, y si usas prudentemente esta licencia, te será concedida. Así como los bosques cambian de hojas en el transcurso de los años, así también se extinguen las palabras antiguas y en la manera de los jóvenes florecen y están en boga las recién inventadas. No basta con que los poemas sean bellos es necesario que sean también dulces, y que lleven a donde pretenden el ánimo del lector y del oyente. Si quieres que yo llore, primero tienes que entristecerte tú mismo, pero si expresas mal tu papel me dormiré o me echaré a reír, las palabras tristes requieren un semblante triste, las amenazadoras uno airado, las chistosas uno divertido, las severas uno severo... &&& Así son de admirables y sencillos los consejos para escribir que me enseño, hace dos mil años, mi maestro Horacio, poeta supremo de la eterna Roma, pero soy mal discípulo, según quedó probado durante tantos y tantos artículos aquí publicados. &&&
Wences Angulo, seguiré dando lo mejor de si mismo pues así es su noble naturaleza, dentro del espacio que tiene ganado en el ánimo de los contertulios que siguen las narraciones de su increíble vida, de tarde en tarde, en La Floresta, donde todo puede suceder, para decir junto con él: Vivirá dueño de sí y feliz el que pueda decirse a sí mismo al final de cada día he vivido. &&& deja, que con ilusión loca te de un beso en esa boca por si no te vuelvo a ver &&& Cuetitos,
palomas, petardos, bombazos a:
j1939t@prodigy. |