A usted... ¿qué le parece?

El “Comosellame”
30 de mayo del 2007

por Luis Puig

Durante la ocupación Napoleónica de Egipto fue descubierta en la ciudad de Rosetta una estela de piedra basáltica negra con inscripciones  en griego, demótico (antiguo egipcio en cursivas) y jeroglíficos. Conocida mundialmente como “la piedra de Rosetta”, se convirtió en la llave (algo así como un traductor electrónico de nuestros días) para descifrar e interpretar los abundantes jeroglíficos que fueron legados a la posteridad por la maravillosa y enigmática civilización del Nilo.

En esta época, el desarrollo tecnológico y su crecimiento, a pasos agigantados, nos ha llevado a la importación de terminologías y creación de neologismos que, si no nos habituamos pronto a ellas, nos pueden llevar a problemas de comunicación y la posterior segregación de aquellos que se quedan a la zaga.

No obstante que para las nuevas generaciones sea algo rutinario, para quienes nacimos de la mitad del siglo XX hacia atrás todavía nos llega a sorprender la innovación, pero sobre todo la velocidad con que se innova.

Pero la terminología actual nos agobia de a poco y nos complica la cotidianeidad: hace unos días, mientras manejaba en carretera, descubrí un rechinar cada vez que pisaba los frenos de mi auto. A mi regreso, lo llevé con mi mecánico de cabecera para que le revisara el tal rechinido y si era necesario le cambiara “balatas” (¡empezamos con las palabritas!). Muy docto, el ingeniero me pidió que diéramos una vuelta para escuchar el rechinido y empezar a formarse un diagnóstico. Dimos la vuelta a la manzana mientras en mi cabeza comenzaba a tomar forma la idea, temida por todo propietario de auto, de que pudiera tratarse de algo más complicado. “Déjamelo para que lo revise, pero casi seguro son las “balatas” y quizá este golpeando el “caliper”...” (¡bolas!)

El primer encuentro que tuve con ese dichoso “caliper” fue hace aproximadamente diez años. Era un carrito Ford que tenía por mal vicio, el gusto de viajar en grúa. Cuando giraba en alguna esquina tronaba como si se le hubiera atorado algún alambre en el eje. El diagnóstico: Se le zafó el “caliper”. En ese momento y para no parecer ignorante dije: “está bien, si hay que cambiarlo que sea”, aunque no tenía la menor idea de lo que tenían que cambiar. Por el nombre y con un poco de imaginación concluí que el multimentado “caliper” era alguna clase de artilugio sofisticado con diseño original para despegues espaciales, o quizá, el propio nombre de una nave espacial: “Caliper I reportándose a base tierra, ¿me copian?”, sin embargo, han sido tan frecuentes mis encuentros con el famoso dispositivo que ahora mas bien creo que es un duendecillo irlandés enviado para hacerme la vida imposible con un manejo miserable causado por incesante rechinar.

En ocasiones me pregunto ¿qué pasaría si la tecnología fuera generada de este lado de la frontera? ¿qué pensaría el potencial conductor de un flamante “Burrito” modelo 2007 con tracción en las cuatro ruedas si, al llevarlo al servicio mecánico el especialista le dijera (en perfecto inglés de barrio neoyorkino): “¡sorry! Your car has a broken “molcajete”, and its pieces hit the “guajolote”?

Sin embargo, para como son de prácticos los güeritos, muy pronto estarían empleando su tradicional vocablo que resuelve cualquier aprieto idiomático: “watchamacallit”, que en nuestro idioma puede ser traducido como “el comosellame”

¿No sería bueno que nuestros mecánicos dispongan de su “piedra Rosetta para ignorantes en términos y nombres importados? O, ¿simplemente decirnos: “anda mal del “comosellame”, que sirve para sujetar los frenos”?

A usted... ¿Qué le parece?

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