A usted... ¿qué le parece?  

por Luis Puig

¡Que ruede el balón!

16/07707.- En mi opinión (y en la de muchos, seguro estoy), el más grande motivador deportivo ha sido Vince Lombardi,

 entrenador en jefe durante los años gloriosos de los Empacadores de Green Bay en el fútbol americano.

 Nos dejó en su legado un sinnúmero de frases que son ejemplo de su voluntad de triunfo como lo único a lo que debe aspirar el ser humano: “creo firmemente que cualquier hombre en su mejor hora, el mejor sentimiento que atesora es aquel momento en que ha trabajado al máximo de esfuerzo por una buena causa y yace exhausto en el campo de batalla – ¡victorioso!”; “el único lugar donde el éxito viene antes que el trabajo, es en el diccionario”; “muéstrame un buen perdedor y yo te diré que es, sólo eso: un perdedor”; “si no importa quien gane o pierda, ¿para qué llevar el marcador?”.

Esta referencia de Lombardi viene a colación por aquel a quien los comentaristas mexicanos han dado en llamar “el gran motivador”, el rutilante técnico de la selección nacional, Hugo Sánchez.

Y quise utilizarlas por lo que está sucediendo al interior del equipo tricolor: ¡no dan una!. Y ha venido sucediendo desde que yo tengo memoria pambolera: no ganamos nada que valga la pena, pero somos buenos pa’ la excusa, o ¿no?. Vea usted: Que si la cancha estaba en malas condiciones; que si el árbitro fue localista; que si se dedicaron a golpearnos; que si molestaban mucho a Blanco hasta que lo cansaron; que si venían muy trabajados; que si no habían jugado y estaban fuera de ritmo; que si la suerte (¿?) no estuvo con ellos; que si... (sígale usted, ¡a mi ya me dio flojera!)

¡AAAAH!, pero eso si... Cuándo tenemos una esporádica victoria rimbombante como la obtenida frente a Brasil nos olvidamos de inmediato de las derrotas mediocres contra equipos que también lo son y queremos creer que el “pentapichichi” es el nuevo Mesías del fútbol.

¡Uff, uff y recontra uff! dijera  el “perro” Bermúdez. Basta ver a “Zorba el Potosino”, Nery Castillo, regalarnos una de sus personalísimas jugadas para pensar que (como cantara Chava Flores) “la Copa está ganada, mi casa está pagada y ya no hay que trabajar”. Y hablando del nuevo ídolo Castillo, debo sugerirle a su técnico que, antes de meter a este hombre a la cancha, exija que se juegue con dos balones: uno para Nery y otro para los 23 restantes, porque aquel no va a soltar el suyo.

 

Otra más: aguantar a los comentaristas, de una y otra televisora, nos lleva a creer que ellos están viendo un partido diferente al del resto de los espectadores y nos sume en una angustia existencial por no saber qué nos pasa que no atinamos una o no sabemos nada del deporte más popular del mundo. En estos casos le aconsejo a usted: 1. encienda su televisor justo cuando va a empezar el partido y 2. baje totalmente el volumen de su aparato; y algo más:3. no les hable a los jugadores, ¡ellos no lo escuchan!

Lo malo para quienes nos damos un poco de esperanza de frívola alegría cuando nos acomodamos frente al televisor cada vez que juegan los “once Guerreros televisos” , es la desilusión constante, el argumento gastado por repetido de “ya están jugando mejor”, el caer en los mismos testimonios que nos dan los comentaristas para justificar derrotas, la charla de café donde se discute que fue lo que estuvo mal hecho.

Un consejo para los seleccionados: cuando se reúnen en “bolita” antes de iniciar el encuentro, olviden todo lo que les haya dicho su técnico “Hugol” y jueguen como saben hacerlo. A fin de cuentas, lo dijo también Lombardi, “ganar no es importante: ¡es lo único!”

 

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